A medida que el presidente impulsa a las plantas procesadoras de carne para que permanezcan abiertas o a que continúen con sus actividades, el numero de trabajadores que están contrayendo el coronavirus (covid-19) continúa aumentando.  Aproximadamente el 30% de los trabajadores de esas plantas son inmigrantes, algunos documentados y otros no. Antes de la pandemia del Covid-19, estas mismas plantas fueron el objetivo de las redadas por parte del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), quien reúne a presuntos inmigrantes ilegales en masa en varios lugares públicos como lo son los metros, iglesias, en eventos y en lugares de trabajo sospechosos.

Como resultado de estas redadas, miles de trabajadores inmigrantes en todo el país fueron puestos en proceso de deportación, lo que demostró que esta administración considero a estos inmigrantes como innecesarios o no esenciales. Meses después, el presidente esta implorando a las compañías como Tyson, quien anuncio recientemente que cerrara sus plantas, el que permanezcan abiertas, lo que significa que los trabajadores inmigrantes antes considerados como innecesarios, mágicamente son ahora necesarios y esenciales.

Las condiciones de trabajo son tan peligrosas y habiendo tan poco espacio entre trabajador y trabajador es claro que estos lugares de trabajo son obviamente lugares donde el virus se puede propagar de una manera rápida. Estos lugares de trabajo, además de ser habitualmente peligrosos aun antes de la pandemia han aumentado la necesidad de producir más y compensar por las plantas que han cerrado, lo que aumenta las lesiones de los trabajadores, es decir, entre más presión y más rápida sea la producción, más peligroso es. Debido a la falta de producción, Estados Unidos está poniendo en ciertas condiciones deplorables a sus trabajadores, como la ha criticado en el pasado de otros países como Bangladesh, India y China – Esto es violentar los derechos humanos de los trabajadores que son ahora no más que simples máquinas de producción.

De lo que nos estamos olvidando durante el estrés y la locura por la pandemia del Coronavirus (Covid-19) es que el trato justo a los trabajadores era lo que diferencio por mucho tiempo a los Estados Unidos de otros países, y ahora no solamente estamos ignorando el cuidado básico de las personas, sino que estamos forzando a estos trabajadores a que se enfermen y quizás también a que infecten a sus familias y comunidades, lo que nos está llevando únicamente a aumentar la mortalidad en todo el país.

Trabajadores latinos, de color y asiáticos constituyen más de la mitad de la fuerza de producción de carne y pollo en estas plantas, siendo muchos de ellos primera generación de inmigrantes. Mientras que hace un año estas mismas personas fueron puestas en proceso de deportación por trabajar en estas mismas plantas, ahora son forzados a trabajar en ellas sin importar que se enfermen o no, es decir, son esencialmente tratados como un extra par de manos, brazos y piernas, quienes pueden desplumar más aves o desangrar más cerdos. La última declaración del presidente en donde menciona que la economía del país importa más que la vida humana es una declaración muy triste, e irónicamente los inmigrantes de la “clase invisible” quienes son cruciales para hacer que este país continúe hacia adelante, son considerados como necesarios y esenciales, cuando al mismo tiempo son literalmente considerados como sustituibles e innecesarios.